No recuerdo bien si fue una de las tantas veces que vi «Alicia en el País de las Maravillas», o cada año celebrando Pascua de manera casi exageradamente norteamericana, pero hace algunos años empezó a crecer mi amor por los conejos. Siempre he vivido en departamentos y he logrado mantener una vida intensa las últimas décadas de mi vida, y hasta el año pasado tuve una perrita beagle que vivió 18 años. Digamos que en mi estilo y ritmo de vida no había espacio para un conejo. Sin embargo, en mi mente y mi corazón ya había tipo de conejo favorito, color, sexo, y nombre. De pronto le hablaba a las personas de Pantufla como un ser existente en mi vida, pero era más un conejo imaginario o deseo imposible. Y entonces, luego de darle y darle a la misma cantaleta (si quiero pero no puedo… Pantufla pero no… pero sí pero no…), el universo me hizo caso y en mi cumpleaños número 27 mis amigas hermanas decidieron que era «mejor pedir perdón que pedir permiso» y hicieron realidad a la verdadera Pantufla. Fue más o menos así (registro fotográfico de aquel instante en noviembre del 2013):

No sabía si llorar, gritar o vomitar, pero creo que los tres ocurrieron. Mi emoción era infinita. Nunca he tenido un instinto maternal, pero de pronto reviví lo que sentí cuando cargué a mi perro por primera vez: hay un ser vivo pequeño y hermoso de quien yo ahora soy responsable.
Pantufla llegó a casa y mi madre quería que la devuelva. Yo insistía en que era una conejita miniatura, que ni la iba a sentir, que eran muy fáciles de cuidar, y que francamente éstas serían las únicas chances que ella tendría de ser abuela, probablemente. Era difícil decir que no a Pantufla. Cuando llegó era enanísima, blanquísima, timidísima y muy fácil de cargar y trasladar.
Pero como todo ser vivo, y supongo que en «años conejo» esto ocurriría más rápido, llegó su adolescencia. Una mezcla entre personalidad (aparentemente todos los conejos tienen una distinta, igual que los humanos) y un tipo de comida equivocada hicieron que la pequeña Pantufla crezca a pasos agigantados. Hoy Pantufla tiene casi 4 años y parece un perro pequeño porque es muy grande. Tiene 3 papadas, odia a los humanos, y tuvimos que construirle una casa a la medida porque no entraba en ninguna jaulita convencional para conejos como ella.
Antes de entrar en detalles acerca de los puntos principales que implican tener un conejo (para que sepas y por si te interesa y también por si eres curioso nomás), voy a dejar que ella misma se presente. Es su primera aparición oficial en un blog y estoy segura que estaría emocionadísima.

Está bien, creo que no estaría tan emocionada como yo. De hecho no sé cómo se siente al respecto, porque lamentablemente identificar sus emociones es más difícil que un perro o una mascota regular. Los conejos no ladran, no gruñen, y sólo hacen un pequeñísimo ruidito (como un aullido chiquito de un ratón) cuando están molestos o no quieren que los toques. Pantufla recién emitió este sonido cuando ya tenía más de un año. Bueno, aquí mis principales hallazgos sobre los conejos y sobre Pantufla en particular:
- Son roedores, por lo tanto siempre buscan y necesitan «roer». Sus dientes crecen forever and ever, entonces siempre tienen que tener madera o algo para morder para que se lijen naturalmente. Una de las razones por las cuales Pantufla no transita libremente por mi casa es porque puede roer de todo…
- Como buenos roedores, por instinto son asustadizos y necesitan tener lugares para esconderse. Otra razón por la cual Pantufla no está suelta por mi casa… alguna vez anduvo libremente y nos tomó casi 2 horas «cazarla». Le gusta esconderse detrás de la refrigeradora, por ejemplo (auxilio).
- Los conejos pueden vivir por muchísimos años. Las principales causas de muerte de los conejos son cardiacas (son muy asustadizos) y estomacales. A veces cuando tienen conejos como mascotas hacen lo que ven en la tele y dicen «ah, le daré zanahorias» y esto puede causarles una indigestión muy fuerte… hasta letal. No estoy diciendo que NINGÚN conejo pueda o deba comer zanahorias, de hecho los hay, pero lo que me explicaron los veterinarios y expertos con los que consulté es que no puedes cambiarles abruptamente su dieta. Por ejemplo: si desde que nacieron comieron un tipo de conejina (como comida para perritos / gatos… pero de conejos), tienes que mezclar el nuevo tipo de conejina o alimento y hacer una transición. Pantufla comía conejina cogorno los primeros años de su vida y por eso era obesa: porque nació en un criadero y les daban comida para engordarlos. Fue como comer McDonalds durante años. Ahora come conejina tomasino mezclada con heno y a veces pancas de choclo. No hemos logrado que baje de peso pero está dentro del rango. Come una cucharota de conejina al día.
- Sí, son logísticamente más fáciles de cuidar que un perro porque no tienes que sacarlos a pasear necesariamente. Además, los conejos se ba
ñan solitos: Pantufla lo hace generalmente en las mañanas, y empieza con sus orejas y así se va lamiendo todo el cuerpo. Al principio no puedes bañarlos hasta que crezcan un poco más, y luego puedes bañarlos una vez al mes, con su corte de uñas (esas si crecen al toque). Yo nunca baño a Pantufla sola, es un poco complicado logísticamente – se asusta con el agua, hay que ponerle una soga porque a veces con la secadora sale volando o le provoca saltar, y así. Es muy gracioso cuando se baña porque puedes ver que en realidad no es tan gorda, es puro pelo. - Cuando un conejo está muy molesto y siente que su territorio está siendo invadido, golpea con sus patas traseras el suelo, como marcando territorio. Cuando está súper feliz salta de costado. Pantufla en particular sólo salta en su «jardín» personal. Pero salta muy alto y de costado. Es muy gracioso. Suele salir a pasear reg
ularmente una vez al día, donde aprovecha para saltar en un cuadrado de 1m2 de grass artificial que escogimos juntas en Sodimac. Sí, tiene una cartera/mochila especial para mascotas pequeñas y con eso la llevo a la veterinaria y a veces me acompaña al banco o a alguna cosa pequeña. Porque odia estar ahí, entonces evito torturarla. Incluso le compré una correa especial para conejos y un vestidito y todo, pero los odia, entonces tampoco los usa. Eso sí, en su cumpleaños número 2 le compré un tutú. No me aguanté. Pero tampoco duró mucho. Aquí pueden ver su cara de felicidad:

- No fue tan difícil encontrar otros conejos en Lima. Resulta que hay incluso grupos de «Bunny Lovers» en Facebook, se juntan, intercambian tips realmente útiles, y recomiendan a veterinarias que trabajan con conejos, porque no todas lo hacen. Yo llevo a Pantufla a Valevet y siempre nos encontramos con otros conejos.
- No sé si les pase a todos los papás/mamás humanos de conejos como yo, pero desde que Pantufla llegó a mi vida no han parado de llover los comentarios negativos de las personas. Todos con muy buena intención, espero, pero aprovecho este espacio para contarles algunos ejemplos y en caso te sientas identificado/a lo pienses mejor antes de soltar un comentario así la próxima vez. «¿Cuánto duran los conejos ah?» «Que rico, ¿cuándo lo cocinas?» «Estamos haciendo apuestas para ver cuánto te dura» «Que tenga hijitos para que almorcemos buenazo», etc, etc, etc,…. Queridas personas, entiendo que muchas veces preguntan por ignorancia, pero no es agradable recibir este tipo de preguntas con un tono especial. Los conejos pueden vivir muchos años, y si de verdad me preguntas con interés y curiosidad yo puedo hablarte horas (como ahorita) sobre Pantufla. Pero Pantufla es como mi hija, y yo no ando diciéndote que sería buenazo cocinar a tu perro o a tu bebé humano, ¿no?.
Pantufla llegó cuando Tami ya estaba muy viejecita. Nunca interactuaron mucho y creo que si hubiese sido así probablemente Pantufla le haya sacado la mugre a Tami. Desde que Tami ya no está hace un año he sentido repetidas veces las ganas de tener otro perrito (incluso ya tiene nombre y raza en mi mente… igual que pre-Pantufla, ¿ya ven? soy incorregible). Sin embargo, esta vez estoy segura que prefiero concentrarme en poder no solamente mantenerme saludable a mi misma sino darle a Pantufla la mejor vida que se merezca. Tener mascotas requiere una súper responsabilidad, y al igual que los niños (supongo) es una responsabilidad bonita porque los amas y adoras. Pantufla tiene una personalidad súper diferente a mi, y es difícil que no podamos comunicarnos por vías tradicionales o más sencillas, pero me muero por ella. Y, a su manera, me enseñó una nueva forma de querer y de vincularme con quienes amo.





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