Punto de Impacto

Me costó un poco más de trabajo empezar a redactar esta publicación. La razón es muy simple: estoy de mal humor. Ya está, no hay más. No tengo un motivo verdaderamente importante ni tampoco estoy atravesando por una situación difícil. En realidad mi teléfono y mi laptop andan fallando, pero digamos que no es para tanto. Pero estoy de mal humor y por lo tanto la inspiración está un poco tímida. La opacan sentimientos como «quiero comer un montón de dulces y no trabajar» o «no sirvo para nada, quiero ver tele y salir de Lima por meses». ¿Te ha pasado? Voy a asumir que sí para no sentirme sola y empeorar la situación.

Lo único importante de rescatar es que estoy convencida que es un estado de ánimo temporal. No es el fin del mundo. Me da mucha risa, de hecho, escribir sobre mi mal humor luego de publicar «Punto Felicidad» la semana pasada. ¿Ya ves? Hay días y días. A veces es una película que viste, un tema químico / hormonal, a veces algo que escuchaste en las noticias, algo que viste en la calle, algo que leíste en Facebook. En este mundo lleno de estímulos por doquier, es muy fácil que algo nos impacte, nos afecte, nos transforme, nos toque. En una misma semana puedes ir a un velorio muy triste, a ver una obra de teatro espectacular, celebrar un cumpleaños muy feliz, recibir un regalo increíble, leer que un cantante que adoras se murió, comer riquísimo, leer noticias horribles como explosiones en Manchester, tener una clase de canto reveladora y espectacular, y así va la vida. A veces en un sólo día pasan muchas cosas y sentimientos, así que he decidido que no tienen que ser sólo bonitos todos los días, ni tampoco sólo feos.

Ahora, por ejemplo, que estoy de mal humor y ya hice mi respectiva pataleta y reclamo al viento (bueno, al iStore), elijo recordar que la semana pasada el universo me regaló varias señales que estaba haciendo lo correcto. Además de dejar una valla bien alta, mucha gente me escribió para decirme que le había gustado o se había identificado con mi publicación sobre la felicidad. Hubo personas con las que trabajé (con y sin nariz) que me manifestaron que estaban felices de trabajar conmigo, emocionados por seguir haciéndolo y que confiaban en mí. Detalle bomba: llegaron hermosos comentarios bonus sobre mi último experimento/concierto, y descubrí que hay humanos por ahí que quieren hacer lo mismo. Inspiré a alguien ahí afuera.

Ojo, no se trata de reventarme fuegos artificiales, pero es más bien como un ejemplo concreto de todas esas frases inspiracionales que lees en internet: «see the good», «nunca te olvides de disfrutar de las cosas simples de la vida», «stay humble, work hard», «da lo mejor de ti»… siempre leo y digo «qué bonito» pero es más emocionante todavía cuando encuentras los ejemplos concretos que te dicen: SÍ, ESO QUE HACES ES LO CORRECTO. Es abrumador, peligroso y emocionante saber que algo que tú hiciste o haces tiene un impacto en otra persona. Me imagino que eso sienten un poco los papás cuando ven a su hijo gateando por primera vez. O los buenos maestros cuando ven que sus alumnos aprendieron algo nuevo. O un cantante al final de un concierto increíble. Esa adrenalina que te dice que todo valió la pena y quieres seguir haciéndolo una y otra vez.

Estoy segura que todos somos lo suficientemente humanos para tener buenos y malos días, y que todos hemos sentido algo como ésto alguna vez. Por eso creo que no estoy escribiendo ninguna revelación ni nada trascendental. Lo que estoy tratando de hacer es entrenar mis pensamientos. Lamentablemente este entrenamiento no es considerado un deporte…aún. Sí, ya sabía que las acciones son bien poderosas, que algo muy pequeño puede impactar de manera muy grande a otro u otros. Pero hace poco descubrí que todo empieza unos pasos antes: en los pensamientos. Nuestros pensamientos pueden determinar el impacto final de todo lo que hacemos. Un pensamiento puede crecer tanto que nos genera una contractura muscular que demora meses en desaparecer. Un pensamiento chiquito se puede convertir en un sueño imposible hecho realidad. Humanos del mundo, ¡tenemos poderes! Tenemos pensamientos de varios tamaños y formas que son capaces de generar impactos de infinitas dimensiones. De repente ya lo sabías, pero yo no. Entonces ahora voy a darle espacio muy puntual a mis pensamientos de mal humor, a los feos, a los no tan bonitos de mostrar. Pero ya sé que tengo otros pensamientos que hacen maravillas. Tengo la inmensa suerte de poder hacer muchas cosas que amo cada semana. Cuando empecé a recordarlas y escribir noté cómo empezó a cambiar mi postura, mi actitud y mi estado de ánimo. Voy a pensar en ellas un ratito más, quizás hasta mañana…

IMG_8451

Deja un comentario