El principal responsable de mi descubrimiento de la coherencia fue el clown: una disciplina artística que usa como principal herramienta de trabajo a uno mismo, y por lo tanto hay un constante trabajo de auto-examinación, hay reflexión, hay cuestionamientos de todo tipo, y sobre todo hay mucha verdad. Es inevitable que no empieces a salpicar todos tus descubrimientos hacia el resto de ámbitos tu vida. Siempre fui curiosa, pero después de mi primer taller de clown no pude parar de cuestionármelo todo.
Cuando empiezas a cuestionarte cosas tan básicas como qué te gusta, qué cosa no te gusta, por qué, etc, se empieza a dibujar una especie de «línea de coherencia» que conecta tus deseos con tus acciones. Las primeras veces que hacía este ejercicio mental, me daba cuenta que muchas de mis acciones no tenían nada que ver con mis deseos verdaderos. Lo que pasaba era que muchas de mis acciones eran una respuesta de mis «deseos» – atención a las comillas: cosas que yo PENSABA que quería o pensaba que TENÍA QUE querer. ¿Te ha pasado?
Así fue que me di cuenta, por ejemplo, que si no disfrutaba tanto el sabor del alcohol, y si odiaba acostarme tarde, y si siempre tenía algo que hacer temprano, ¿por qué tenía que salir de juerga? Ojo, no me arrepiento de haber sido la reina de la pista durante varios años, pero fue muy difícil para mí entender que de pronto mis propios gustos también podían cambiar. Y está bien. Y aquí algo muy importante: eso no hace a quienes disfrutan de salir de fiesta mejores / peores personas que yo. Simplemente nuestros gustos son diferentes, y listo.
Después di pasos más grandes: si no veo a esta persona hace mucho tiempo, si no veo ninguna razón para mantener contacto con esta persona, si esta persona comparte cosas violentas o que no me gustan, si su amistad no me aporta nada positivo, o si simplemente no me provoca que vea dónde estoy y con quién, ¿por qué la tengo en mi Facebook? Si este amigo me absorbe por completo y me hace sentir mal o no me trata bien, ¿por qué es mi amigo? Si esta pareja no quiere lo mismo que yo, ¿por qué es mi pareja? Si este trabajo me hace absolutamente infeliz, ¿por qué es mi trabajo? La revolución de la coherencia se apoderó de mí y empecé a tomar decisiones, mejores decisiones. A veces mis decisiones resultaban muy duras para mi entorno, a veces eran muy duras para mí misma. Pero fue finalmente la coherencia lo que me ayudó a crecer, lo que hoy me ayuda a recordarme constantemente quién soy y qué quiero.
Como toda buena herramienta de crecimiento y búsqueda de la felicidad, ¡¡tiene sus «peros»»!! Oh sí, sobre todo después de ver la película de «La Mujer Maravilla» (la reina de la coherencia), me queda clarísimo que no basta con querer ser más coherente. Es una tarea bastante difícil e imposible de aplicar al 100% si eres humano. Estoy segurísima. Porque hay cosas a las que no estamos listos a renunciar, porque hay cosas a las que nos cuesta más decir que no. Yo, escribiendo todo esto, soy bien incoherente. Te apuesto que tú también eres incoherente – y está bien, pero podrías ser menos incoherente. Mira, voy a dejar aquí una lista de ejemplos de incoherencias con las que me cruzo casi todos los días. No te voy a decir cuáles, pero varias son mías:
– Escribir en tu blog sobre los pensamientos positivos, la salud, el bienestar, pagar por una nutricionista mientras subes de peso, no te cuidas y no haces deporte. Ok, esta primera es mía, ¡¡pero ahora seré más disimulada y voy a incluir otros ejemplos que no son míos!!
– Quejarte todo el día en Facebook de la gente que maneja pésimo y manejar pésimo tú también.
– Ser recontra yogui y pro mindfullness y juerguearte todo el fin de semana.
– Comulgar cuando vas a misa sin confesarte, ni seguir las otras reglas de la vida católico-cristiana.
– Renegar porque eres independiente y nadie quiere pagarte lo que te mereces y luego querer regatear y renegar porque otro servicio cuesta muy caro.
– Quejarte de la gente que se cola y hacerte pasar por embarazada / borracho / alguien enfermo y colarte.
– «No soy homofóbico pero…» / «No soy racista pero…» (tú completa la oración como quieras).
– Decir «no botes basura a la calle» y tiras las colillas de tus cigarritos.
– Ser voluntario, visitar enfermos, y celebrar a todo aquel que lo hace. Pero no ser capaz de cuidar a tus papás o familiares cuando te necesitan.
– Ser coach, profesor, clown, artista, médico o simplemente fan de la empatía, y no ser empático con tu pareja.
– Compartir tus videos de «el pisco es peruano» o «que lindo es mi Perú» y «cholear.»
– Decir «ay que vernoooooos» y cuando se ven estas todo el rato viendo tu celular :.)
Y así, miles de miles de ejemplos de cosas que hacemos o decimos y luego nosotros mismos hacemos lo opuesto. Somos humanos, somos incoherentes. Y muchas veces, a pesar de ser conscientes de nuestra incoherencia, tenemos los mejores recursos para justificar nuestra incoherencia.
Encima yo soy bien creativa, así que se me ocurren unos buenazos. Por ejemplo: «ayer caminé en la mañana, y en la noche comí canchita. Pero como caminé en la mañana seguro ya había bajado de peso, entonces yo me merecía esa canchita de premio…» ¿?
Tengo amigos y amigas que siempre me dicen «ay pero yo tengo CERO creatividad»… debería grabarlos cuando son los más creativos justificando sus incoherencias. Pero yo soy igual muchas veces, así que mi campaña pro coherencia no será tan severa ni tan radical. Lo único que espero es haber depositado una palabrita mágica en tu cerebro, para que empieces a hacerte poco a poco estas preguntas sobre tus deseos y acciones. De pronto descubres demasiadas incoherencias demasiado rápido. De repente ninguna. Te invito a empezar tu propia revolución de la coherencia, a tu propio ritmo con tus propias reglas. Pero empiézala… y si quieres me cuentas lo que descubres ;.)

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