
Siempre fui chancona y disfruté serlo. Recién hace algunos meses descubrí las maravillas del sedentarismo, la flojera y la vacación. No duró mucho el romance, pero supongo que está bien ser productiva sin ser workaholic, y está muy bien descansar y darse sus merecidas pausas. Todo exceso es malo, dicen, y se aplica para el ser o no ser chancón también. En lo que quisiera explayarme un poco más esta vez es no tanto en qué implica ser o no «chancón» / esforzado / profesional / estudioso / aplicado, sino en cómo eso se traduce en nuestro mundo laboral. Concretamente, ando pensando en qué tan aplicado o profesional tienes que ser para que la gente valore verdaderamente tu trabajo.
En este primer año de trabajadora independiente luego de mucho tiempo, he vuelto a sentir el vértigo que implica la incertidumbre económica, los trabajos que vienen y van, las cuentas, los deseos, los presupuestos, y todo eso. Sin embargo, mi profesión – seguro al igual que muchas otras, pero sólo puedo hablar desde mi experiencia – tiene la fama de ser «misia» por su carácter poco tradicional. ¿A cuántos payasos conoces? ¿Cuántos de esos no son especialistas en fiestas infantiles? ¿Y cuántos de esos son especialistas en trabajar en hospitales? ¿Cuántos de esos se han formado como actores, cantantes, y son licenciados en comunicaciones? Es maravilloso trabajar en algo que amas, pero también resulta bastante tedioso que la gente comprenda el verdadero valor que tiene tu trabajo.
Nadie mejor que yo lo entiende: soy la primerita en cazar ofertas, evaluar si un pasaje o un taxi es muy caro, y cientos de veces he pedido rebajas, descuentos, ofertas, favores y dos por unos. Eso me quita mucha credibilidad a momento de exigir que se respete el valor del trabajo de un artista, porque yo alguna vez también le pedí una rebajita a un diseñador gráfico, un favor a un fotógrafo y también me pareció caro el sueldo de un diseñador de luces. ¿A qué voy con todo ésto?
Sólo quiero contarte, por si no sabías, que hay una diferencia entre un XXX (carpintero, artista, abogado, psicólogo, nutricionista, contador, profesor, químico-farmacéutico) «chancón y uno «no chancón». Creo que es más fácil hoy en día para el común denominador de personas saber a qué se dedican los médicos o los arquitectos que los artistas. Creo también que la mayoría de colegas artistas somos multi-disciplinarios porque sabemos que sólo así mantendremos alto nuestro nivel de exigencia y creatividad artística. Es muy diferente trabajar con un payaso profesional que con un payaso profesional que además se haya formado como actor y sea muy hábil con su cuerpo, por ejemplo. Es muy diferente trabajar con un actor profesional que con un actor profesional que además se haya formado con diferentes maestros, en diferentes países, que sepa leer música, y hablar más de un idioma con fluidez.
Cuando contrates a un artista, ya sea para que haga el video de tu matrimonio o para que anime tu baby shower, o para que haga una locución: pregúntale sobre su CV, pregúntale sobre sus maestros, investiga su página web (que seguro otro artista/comunicador/tecnológico hizo), evalúa su experiencia y trata de averiguar si es un «chancón». Sé que lo haces, pero a lo mejor necesitas un recordatorio antes de juzgar si su tarifa es muy elevada.
Colegas artistas: si asumen un reto artístico, háganlo con la misma responsabilidad con la que hacen cualquier otra cosa, y con mayor razón porque es lo que en teoría aman hacer. Nunca dejen de estudiar, nunca piensen que han llegado a un límite de sabiduría, nunca dejen que el ego pueda más, cuiden su cuerpo, cuiden su voz, cuiden su armonía emocional. Sean buenos chancones en equipo, ayuden, apoyen, sostengan. Acepten la crítica constructiva.
Colegas humanos, no artistas: cuando vayan al teatro y vean un espectáculo en vivo que dura algunas horas, sepan que los artistas a quienes están viendo han estudiado un montón. Han ensayado horas, de horas, de horas. No toman nada helado y cuidan su cuerpo y sus planes para dar el 100% en cada función. Ellos no van sólo a una función como tú, van a todas. La mayoría tuvieron que aprender alguna coreografía, un texto, y a manejar sus emociones durante cada función. Quizá pueden dormir hasta más tarde que tú un martes, pero sus horarios de trabajo son muy distintos a los tuyos. No los odies si no pueden llegar temprano a tu cumple o si son unos ingratos, simplemente sus horarios de trabajo son abismalmente distintos a los tuyos.
Al igual que a muchos otros profesionales con quienes he tenido el placer de poder trabajar, a mí no me gusta hacer las cosas a medias. El resultado es ser una persona con la agenda bastante llena, justamente porque no me gusta asumir compromisos a la ligera. Ahora me toca aprender a decir que no a algunas cosas, y a invertir energías en cosas que además de hacerme feliz me harán finalmente independiente y autosuficiente. ¿Qué tal reto, no?

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