Punto de Encuentro (parte 3)

Conocí a Rita en 1992, en mi primer día de clases en el colegio. Se sentó en mi mesa, tenía vestido fucsia, y yo no podía creer que tenía dos nombres y uno de ellos fuese Rita. Me parecía que tenía las ideas más originales y divertidas para los juegos del recreo, y decidí que seríamos amigas básicamente para siempre. Sus múltiples talentos artísticos eran distintos a los míos: a mi me gustaba actuar y cantar, y ella más bien pintaba  y dibujaba alucinantemente bien, pensaba en historias alucinantes, hacía comics. ¿Había mejor combinación amical? A lo mejor pudimos ser jóvenes millionarias pero no fuimos tan visionarias y nos concentramos en vivir una vida escolar bien bacán nomás. Además de sus talentos y nuestra entrañable amistad, resulta que mi amiga Rita tenía una mamá con quien desarrollé un vínculo muy especial, también llamada Rita, y una abuela – también llamada Rita, a quien conocí cuando éramos chicas pero no veía tan seguido. Hoy, tantos años y anécdotas después es a esta última Rita, «Rita Nonna», a quien visito cada jueves como parte de mi proyecto Punto de Encuentro, y a quienes seguro muchos de ustedes vieron en un video que publiqué este lunes (puedes verlo haciendo click aquí).

«Rita Nonna» es una señora que tiene más de 80 años y tiene Alzheimer. Cuando mi tía Rita y yo conversamos acerca de ella, me comentaba que una terapia convencional o un Rita 2calendario de actividades convencionales no era algo que se acomodara del todo bien a su mamá. Fue así que empezamos a trabajar juntas, con visitas semanales donde ocurrían momentos como los del video, no planeados, no necesariamente lindos o perfectos tampoco, pero siempre verdaderos. Rita no me recordaba como amiga de su nieta, y definitivamente nuestro vínculo nació y creció desde otro lado, un lado que no es convencional ni tampoco responde a las reglas tradicionales. Pero así, sin mayor explicación racional, nos queremos.

Cada vez que la visito me presento, aunque a veces no hay necesidad, ya que en realidad siempre suele tener buena disposición para dejarme pasar. No necesariamente se acuerda de quién soy ni por qué estoy ahí, pero sabe que estoy ahí para visitarla, sabe que mis intenciones son buenas y que eventualmente me iré, así que me deja pasar y estamos juntas un rato. Durante mi estadía conversamos, en el idioma que ella se sienta más cómoda. A veces, cuando conversamos en castellano la ayudo a completar sus oraciones, ya que parte del proceso de su enfermedad es que cada vez le cuesta más trabajo hilarlas con facilidad. Sin embargo esto no es ningún tipo de problema para un payaso, a diferencia del resto de personas. Para un payaso esto es nada más y nada menos que una hermosa oportunidad de un juego nuevo. Entonces Rita y yo nos inventamos oraciones, nos inventamos idiomas, y finalmente conversamos a su velocidad, a su ritmo, y sin el estrés o la angustia de no poder expresarse como el resto del mundo esperaría que ella lo haga.

Aprovechamos también para jugar con algunos de mis juguetes, principalmente los instrumentos musicales, ya que para mi inmensa suerte, Rita era cantante en sus años mozos. ¡¿Cómo puedo tener yo tanta suerte?! Encima cantaba boleros, canciones románticas… por favor. Lo que más hacemos juntas es música. Como pude comprobar en muchos estudios y documentales que he visto sobre enfermedades como el Alzheimer, la música es un lenguaje ubicado en otro lugar distinto del cerebro, y por lo tanto, para decirlo de manera sencilla, se «olvida después» o en otro momento. Rita tiene el lenguaje musical totalmente presente, lúcido, y lo maneja con mucha mayor facilidad que cualquier otro. No es del todo consciente que tiene esa habilidad, pero una vez que lo recuerda, es como si una corriente de energía la atravesara por completo. Usa sus manos, sus ojos se iluminan, se mueve, sonríe, y se transporta a otros lugares con la mente y el corazón. Juntas viajamos, cada una por sus propios recuerdos y visitando los de la otra, atravesando el tiempo y cualquier circunstancia, entre armonías y miradas de complicidad. Y ahí estamos, sin explicación lógica, juntas en medio de la música.

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Es el primer no-miércoles de blog, pero hoy jueves 24 de agosto, a mi que me encantan las efemérides, es el cumpleaños número 31 de mi amiga Rita que vive en otro continente. Aproveché mi visita a Rita Nonna para llamar a su nieta y cantarle las mañanitas, gracias a las tecnologías de hoy en día. Me siento inmensamente afortunada, casi que parece mi cumpleaños.

Gracias, a todas las Ritas, para siempre. Las amo.

Una respuesta a “Punto de Encuentro (parte 3)”

  1. Coincidir en el mismo salón de clases a los cinco años de edad y en la misma mesa entre varias, fue una gran bendición. Sin saber que casi 25 años más tarde, estarías cuidando de la salud emocional de mi mamá.
    Habrá otra palabra que pueda usar en vez de simplemente decir «gracias»?
    GRACIAS…….

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