Punto Tía

tAmo ser tía. Nunca pensé ser tan fan de los niños, de hecho les tenía cierta aversión o intolerancia, hasta que en agosto del 2013 nació mi primer ahijado Jose Andrés y cambió mi universo. Durante mucho tiempo tuvo un rol casi exclusivo como niño estrella, y es que se lo merece porque es particularmente especial. Después llegó mi ahijada Alessia y luego un ejército de sobrinos cada uno más lindo que el otro. En los últimos años ya la cosa está pasando los límites, o a lo mejor yo ya estoy poniéndome tía en todos los sentidos de la palabra, y me está creciendo un babero. No es que sean mis sobrinos, pero tengo unos que ya se pasan.

En estos momentos aparecen los pensamientos y el 90% de las veces se manifiestan en voz alta como preguntas: «¿y tú para cuándo?» Yo me mantengo firme en mi respuesta: «yo no, gracias.» No es un no rotundo o no para siempre, pero nunca he sentido y hasta ahora no parece despertar en mi un sentimiento maternal. Primero que no me siento para nada lista – y yo sé que «una nunca está 100% lista» pero de verdad me parecería totalmente irresponsable de mi parte ser mamá ahorita. Por otro lado no es algo que me ilusiona en este momento de mi vida, no me provoca particularmente. Y por suerte vivimos en una sociedad donde no estoy en la obligación de ser mamá, así que fin de la discusión :.)

Mientras tanto, hoy solo quería compartir este sentimiento que tengo, de inmensa felicidad y gratitud, porque mis primos y amigos que son padres me han hecho una feliz tía de sobrinos alucinantemente lindos. Aprovecho para contarles algunos acontecimientos de las últimas semanas: mi ahijado Jose Andrés cumplió 14 años y yo me sentí senil al verlo tan grande, sensible, bueno, curioso y valiente. Mi sobrino Jerónimo (16) me fue a ver al teatro el martes pasado. El domingo mi sobrina Victoria, su hermana, (casi 4) y yo fuimos al teatro con su mamá y su tía, y nos pusimos escarcha en la cara y nos agarramos las manos para no tener miedo en las partes de miedo. Mi ahijada Alessia (9) y yo cantamos Soda Stereo juntas. Mi sobrino Joaquín (1) se apareció en mi casa vestido de oso panda, y por suerte siempre deja que lo cargue, lo bese y lo abrace. Isabella (2) le dice «Panfluta» a mi coneja Pantufla, y se expresa cantando. Rafaela (1) aprendió a aplaudir delante mío, creo que nos amamos. Calista acaba de tener a su hermana Octavia, y parece que seremos las tres amigas por siempre. Y el viernes conocí a Lara, la bebé más tranquila del planeta con menos de 24 horas de nacida, y jugué con su pie calato arrugadito casi una hora entera y no se quejó.

Qué lindo se siente ser parte de la historia de otro ser humano. Más chiquito, más vulnerable, una hoja en blanco. Que te ve como un ejemplo, luego como un referente, luego a lo mejor como un ejemplo de «qué cosa no hacer». Yo miro a mis sobrinos y me recuerdan tantas cosas que a mí me gustaría ser. ¿Por qué no existen los baberos para adultos? Un aplauso para todos los súper papás y mamás maravilla que me han hecho tía. Gracias, los amo.

Deja un comentario