Luego de unas semanas re densas, estoy en unos días (¿horas?) bastante escarchados,
bonitos, con un ánimo bastante similar al de Laurita del programa «Carrusel de Niños» (pueden ver referencia haciendo click aquí). Y no se trata de un tema romántico de pareja necesariamente, sino es un poco más amplia la cosa. Muy pronto cumpliré 31 años y han empezado los días de desvelo, de ansiedad, de preguntas existenciales, de planes, de ideas, y en el medio de todo esto aparecen respuestas y recuerdos. Durante los últimos días he tenido varias señales que me demuestran que me paro cayendo y equivocando en la vida, parezco ser una experta. Pero en algo en lo que la hice linda, no sé cómo, es en hacer buenos amigos.
Soy hija única, pero por alguna razón siempre viví rodeada de personas. Son muy pocos los momentos que recuerdo en soledad. Aprendí a tenerlos y además disfrutarlos ya de adulta. Nunca me costó trabajo hacer amigos. La maravillosa consecuencia es que tengo
montones. La complicada consecuencia es que siempre es cumpleaños de alguien, matrimonio de alguien, bautizo de alguien, shower de alguien, velorio de alguien, estreno de obra de alguien, despedida de alguien, cafecito porque hace mil que no veo a alguien, y pobre de mí que se me ocurra celebrar algo con mis íntimos amigos… mi fiesta de 15 tuvo como 400 personas (perdón Mamá) y siempre que trato de hacer algo VIP o íntimo no lo logro. Además mis amistades son bien distintas entre ellas, de grupos y estilos de vida abismalmente distintos, y muchas veces me sentí rara. Mis amigos artistas me dicen «oh, eres del San Silvestre», y mis amigos de la época escolar me dicen «oh, eres clown». No es algo malo, simplemente a veces me cuesta verdaderamente sentirme cómoda con un grupo humano. Pero como tengo muchos buenos amigos, tengo para escoger :.)
A veces me lleno de culpa por ser falla o no poder ver a mis amigos todo lo que quisiera, pero en los últimos años he aprendido a estar sola también, a saber decir que no, a saber elegir, y es algo con lo que constantemente trabajo, algo que constantemente
me cuestiono. Creo que dentro de todo soy una buena amiga. Pero de lo que estoy convencida, es que tengo amigos y amigas de oro. Tengo amistades que vinieron a mi casa cuando yo no estaba y la llenaron de globos y flores cuando yo iba a llegar de viaje, o que se fotocopiaron sus caras con mi scanner/impresora y las pegaron en mi ventana ¿?. Tengo amistades que movieron cielo y tierra para organizarme una fiesta sorpresa, o que metieron su dedo índice en mi garganta para ayudarme a vomitar (sí, aj). Tengo amistades que me dijeron las verdades en la cara de la mejor manera posible cuando nadie más se atrevió, que vinieron a verme llorar por los 2,500 hombres papanatas que consideré decentes alguna vez, y que se llevaron cajas y bolsas de «cosas que te hacen acordar a él» y aún las guardan. Tengo amistades que compran
inca kola zero para cuando yo voy a visitar y que recuerdan los nombres de mis familiares y amigos como si fuesen mi terapeuta y yo su único paciente. Tengo amistades que siempre me preguntan cómo estoy, con quienes no necesito terminar mis oraciones para que me entiendan, y con quienes nos amamos luego de habernos visto en nuestros momentos menos dignos. Tengo amistades que se inventan tradiciones como llamarme todos los viernes, mandarme pantallazos cuando la hora del celular es divertida, mandarnos perritos y animales de instagram, o celebrar Navidad el 23 de diciembre todos los años. Tengo amistades a quienes necesito contarles todo lo que me pasa, con quienes me siento más cómoda que con mi familia, que son mi familia.
Personas: inviertan tiempo en sus amistades. Tengan períodos de soledad, tengan períodos de pareja. Peléense con sus amigos, aléjense de ellos, pero vuelvan. Estoy segurísima que todos tienen amigos como yo, así, de oro. Oro puro.


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