¿Ya escribí sobre ésto? Siento que sí. A lo mejor la edad ya me pegó de golpe. Eso es algo que me ha pasado en estos días: desde que cumplí 31 años siento que de pronto crecí. Han pasado un montón de cosas que me han hecho cambiar el chip, caerme (literalmente), darme cuenta de cosas, envejecer, no sé. Crecí. Hasta engordé. Y lo que voy a escribir hoy será breve, y será sobre la empatía.
En los últimos días, además de crecer de golpe, y además de sentir un fuerte temblor a raíz de la clasificación del Perú al mundial después de cuchucientosbastantes años, está ocurriendo un temblor en paralelo a nivel sociedad. No se está limitando solamente a mi Facebook, ya está pasando los límites de lo normal. Entre las celebridades que se confiesan abiertamente gays para justificar actos de violencia (¿?) y los seres sin escrúpulos que utilizan el teatro y el arte para corromper y manipular a otros, estamos fuera de control. Anoche, mientras trataba de escapar del fútbol y tomaba un café con mi mejor amiga, hablábamos sobre cómo nos resultaba difícil ser empáticas con los amantes del fútbol porque no nos gusta. Hasta que nos provocaba que ya se acabe todo para que ya no haya bulla y todo lo demás. También hablábamos sobre lo lo incomprendidas y afectadas que nos sentíamos como mujeres en las últimas semanas, no solamente en nuestra ciudad sino en nuestro círculo inmediato. Duele, fastidia, y frustra todavía más cuando el otro lado en vez de escuchar y hacer el ejercicio de ponerse en tus zapatos argumenta sin haber vivido en carne propia lo que una siente.
Hombres: no es momento de buscar porqués ni «tú debiste». Yo no juzgaré tu fútbol. Celebraré contigo. Ahora acompáñame en mi frustración, en mi miedo, y únete en mi lucha. La cosa está saliéndose de control. Basta.

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