¡¡¡Feliz año nuevo!!! Estoy 16 días tarde, lo siento tanto. Esta vez tengo como excusa algo que me leyeron esta mañana (¿o fue anoche? ¿o esta tarde?) sobre la luna llena de esta noche y cómo eso justifica lo intensas que han sido estas primeras semanas del año para todo el mundo, no sólo para mí. ¡¡Ya ven!! También ha sido el primer período así de largo en el cual dejé de escribir en mi blog, pésimo, muy mal yo. Otra de mis excusas era ver si alguien se quejaba, alguien me extrañaba, pero nadie. Nadie me dijo «oye hace rato no escribes»… me di pena oye. ¡Pero! Fue una buena oportunidad para respirar, para ocuparme de las 12498172489343 que tenía que hacer en mi vida de mucha actividad y poco sueldo, para arreglar mi página (pasa, da una vuelta, tú que no me lees, además puedes darte una vuelta por toda la página que yo hice y seguro tampoco viste), y para darme cuenta que mis últimos posts estaban RE densos. Seguro por eso nadie me extraña. Discúlpame.
Cerré el 2017 como me prometí nunca más cerrar ningún año: casi que arrastrándome, trabajando en exceso y distribuyendo mal mi energía. Organizándome mal, comiendo pésimo, durmiendo poco, todo mal. Llena de proyectos y cosas lindas, rodeada de gente hermosa, sí, pero haciéndome daño al no saber cuidarme. Empecé el 2018 igualito. Hasta ahora no termino de aterrizar en este gran cambio de conducta que me he propuesto, versión macro. No se trata de una dieta drástica ni borrar gente de mi Facebook, va más allá. Necesito un cambio de chip, necesito entender de verdad que si sigo así o me muero bien rápido o voy a ser bien infeliz, y no me provoca ninguna de esas opciones. Estoy a tiempo de evitarlas. Pero para eso tengo que tomar decisiones importantes, de esas que duelen, de las que te cuestionas, de las que quizás sigues dudando días después, pero que en la panza se sienten bien, porque lo están.
¿Cómo va mi 2018? Quería contarte, por si me lees, que estoy agotada y feliz, asumiendo que si quiero ser artista y -ojalá pronto por favor auxilio- independiente, así será mi vida. Así que mejor dejo de lamentarme, voy ajustando mi nutrición y mis horas de sueño porque de agotamiento nadie se muere y tampoco soy tan vieja. Tengo que dejar de quejarme pues, decir que ya no puedo más, porque esta es la vida que yo misma paro eligiendo constantemente, y antes de que éste se convierta en un nuevo post denso, repito que estoy inmensamente feliz. Sí, hay duda, hay cansancio, hay miedo, hay incertidumbre, y todo parece indicar que en el futuro podría haber deudas… pero hay pasión. Y estoy muy agradecida por todas las cosas que están llegando a mí. Hace poco un gran amigo me hizo notar que yo me sacaba la mugre en mi trabajo, y que de verdad mi único motor era que amaba lo que hacía. Y sí… al final del día es así.
Antes de terminar, quisiera decretar, por si nunca más vuelvo a escribir y cuando abra este blog me encuentro con ésto: que aunque suene egoísta, el 2018 será el año de mí para mí. Porque el 2017 lo era pero me quedé a mitad de camino. Ahora sí, con todo. A seguir creciendo, soñando, haciendo lo que amo, con la independencia como objetivo, y el corazón convencido que ésta es mi ruta.


Deja un comentario