
Ayer me pasó una cosa muy curiosa – voy a echarle la culpa a esa cosa para justificar que mi post de esta semana llegó un día tarde. Me pasó que estábamos en un auto, con varias personas, hablando de una persona X. Ni bien mencionamos su nombre, vimos a la persona X en la calle. Obviamente paramos y dijimos «¡qué coincidencia!». Lo extra curioso fue que hablábamos además sobre otras coincidencias sobre esta persona X. Es decir, coincidencia sobre coincidencia. Muy loco. Estoy segura que a todo el mundo le habrá pasado alguna vez una cosa así: «justo me dijeron que yo iba a…» o «no me quería cruzar con mi ex en la calle y me lo crucé» o «tres personas importantísimas en mi vida cumplen años el mismo día».
A mí me pasa bastante seguido, y me emociono porque si sumamos este fenómeno a que soy fanática de las efemérides («un día como hoy…»), logro coincidencias fantásticas. Inmediatamente una sensación sin título (aún) se apodera de mi cuerpo y me emociono, me da nervios, me da miedo, me da alegría histérica, todo a la vez. Luego empiezo a tratar de traducir qué es lo que la vida querrá decirme con ésto. Aparecen los expertos, los todólogos, que dicen que tal o cual coincidencia significan algo sobre tu pasado, presente o futuro. Yo no sé nada de esas cosas, y me cuestiono si me gustaría o no saber.
Por ratos pienso: «quiero ir a que me lean las cartas», «quiero saber mi futuro», «quiero saber qué significa ésto», y me paso de vueltas con la fecha, el cumpleaños, la coincidencia, el signo, la piedra, lo que sea. Pero por otro lado, también pienso que al igual que las religiones, nunca vamos a poder verdaderamente saber qué cosa es de verdad de verdad de verdad y qué cosa es alguna teoría que alguien interpretó de manera curiosa y muchxs lx siguieron. Hay personas supersticiosas, hay personas muy creyentes de alguna religión, hay quienes investigan estos fenómenos y los relacionan con el karma o las vidas, etc. El punto aquí es que yo me declaro fan de las coincidencias y del efecto que tienen al lograr que me quede pensando en ellas obsesivamente por horas, días o para siempre. A veces siento que necesito una respuesta, una explicación. Pero justo ahorita, mientras escribo ésto, me doy cuenta que a lo mejor ando buscando por gusto cuando en realidad nunca vamos a saber, al menos en esta vida. Mientras tanto, cada vez que me ocurra alguna cosa así, gozaré diciendo «ala ala ala» o «wowwww» y contándole la anécdota a quien me provoque. Parece que estoy entendiendo que no todo tiene que tener una explicación necesariamente.

Deja un comentario