Punto Desorden

Empiezo a ordenar mi desorden haciendo un aviso sobre mi publicación de la semana pasada. ¡¡Yo pensé que nadie me leía!! Pues no, mucha gente me escribió por diferentes medios, manifestando su preocupación por mí, pensando que algo en particular me había pasado, y – aquí lo más importante – ofreciéndome ayuda, cariño, soporte. ¡Gracias! De verdad. No es que me haya pasado algo en particular, pero la ocasión se dio para reflexionar acerca de un tema así, y parece que es común porque a muchos les resonó en diferentes aspectos de sus vidas, y todos estamos en nuestro propio mundo, así que lamentablemente decepcionarse es algo no solamente común sino también frecuente en nuestra sociedad.

Dicho ésto, sumado a que terminó la temporada de «Una Versión Clown de Romeo y Julieta», estoy en una suerte de depresión post parto (¿?), reorganizando mi vida, descubriendo que no escribía en mi agenda física hace 3 semanas (esto para mí es casi un delito) y no queriendo salir de mi pijama a interactuar con nadie. Ha aparecido la tos que evité a toda costa, y una tendinitis que por suerte ya entendió que no es bienvenida y parece estar haciéndole caso al reposo, terapia y pastillas. Mi estado de cuenta en el banco está haciéndome señales de humo para volver a la proactividad. Ha vuelto a ocupar mi mente Marie Kondo y su magia del orden, y con el brazo derecho aún adolorido he empezado a organizar mi siguiente venta de garaje con todas las cositas lindas de las que me estoy despidiendo :.)

Está el tan temido desorden emocional por ahí también, aportando un gran porcentaje de intensidad al desorden general. Creo que antes no lo hubiese podido enfrentar. Le tengo mucho miedo al desorden, y sin embargo lo habito constantemente. Por más que me considero una persona organizada, responsable, y casi neurótica en muchas cosas, siempre logro abrirle la puerta al desorden en aspectos como: mi cuarto, mi alimentación, mis pensamientos, mi economía y mi vida social. No es una novedad, pero aún así me hace sentir decepción de mi misma, no me gusta, me incomoda. Una parte de mí no puede salir a la calle si el cerquillo se me desordena, y la otra parte puede vivir no teniendo idea de cuánto es mi presupuesto mensual y cómo hacer una declaración jurada. De repente más que el desorden lo que me genera anticuerpos es la incertidumbre. Pero ni aún así.

¿Por donde empieza uno a ordenar su vida? ¿Qué hacemos con los pensamientos que dan vueltas frenéticamente y no se van? ¿Por qué la gente siempre se propone empezar de nuevo los lunes y no cualquier otro día? A mi me encanta lo nuevo, soy curiosa. Pero también es cuestión de nuevamente encontrar un balance entre lo nuevo y las rutinas que ya tienes incorporadas y te hacen bien. Voy a empezar por ahí: esta semana no faltaré a mis clases amadas y adoradas de acuaeróbicos, voy a ordenar mi cuarto, voy a descansar un montón y ya. Más promesas sería ambicioso, y prefiero no fracasar en este primer intento de des-desordenarme.

Habitemos el caos, disfrutemos el no saber, la incertidumbre, el riesgo y el desorden. No para quedarnos ahí para siempre, sino para crear un nuevo orden, renovado, con más experiencia y sabiduría, un nuevo orden listo para servir a quienes nos hemos convertido luego de tanto movimiento.

desorden

Deja un comentario