Punto Juzgador

Hace unos años, como comenté en algún antiguo post, tuve una época mega hater, donde me dedicaba a odiar todo lo que no me gustaba, odiarlo, juzgarlo, criticarlo, y todas las salsas. Curiosamente, en mi caso, se trataba de cosas que yo antes hice y simplemente cambié de gustos o de opinión, y me daba más cólera todavía por haber sido como esos a quienes odiaba. Es muy fácil odiar o criticar, así para afuera sin ningún tipo de argumentación, porque sí. Tuve mis años de hater y fui acumulando odios como quien colecciona -no quiero decir figuritas, pero sí.

Luego vino la etapa del amor total y casi que la última vez que me ofendí de verdad por algo fue hace dos años. Lo malo de este cambio radical es que me costaba (cuesta) un poco detectar cuando algo es verdaderamente malo o no ideal para mí y le abro la puerta sin reparos. Pero bueno, en el peor de los casos siempre está la frase «al menos aprendí».

Siento que ahora estoy como en una especie de intermedio. Por un lado he renunciado a los chismes escolares casi totalmente. Es decir, todos chismeamos, no se hagan, pero hay que saber cuándo, cómo y con quién pues. No aguanto el venenillo odioso que llega por gusto y porque sí, por mala onda y a la oreja (o corazón) equivocada. Pero por otro lado, por lo menos aquí dentro de mi misma, sigo juzgando no solo a mí misma sino al resto. No como deporte olímpico tampoco, pero es natural cuestionarse, pensar distinto, y todo eso. Lo que pienso que está de más es cuando esa juzgadera se transforma en colectiva, o en tema recurrente, pero sobre todo por una razón: nadie sabe cómo y por qué hacemos las cosas.

¿A qué voy con ésto? Hace poco escuché por vez número mil la típica conversación de «ella no lo merece / él es demasiado para ella / ella es una loca / él es un ganso / no deberían estar juntos / quiero que se casen» . Todo bien con opinar sobre tus deseos amorosos / laborales / lo que sea de tus conocidos, pero ¿se han dado cuenta que muchas veces nosotros mismos hacemos eso que criticamos? Yo creo que todos y todas alguna vez la cagamos, fuimos mal amigo, mala pareja, mala persona (al menos un ratito). Sobre todo ahora que nuestras adoradas redes sociales nos dan armamento jugoso para juzgar con fundamentos o evidencia audiovisual. Es muy tentador emitir un juicio tremendo y detallado y con fotos sobre alguien más. De hecho ocurre, yo lo hago obviamente. Lo que invito a hacer es a medir cómo lo hacemos y con quién. Uno nunca, nunca, nuuuuuuuuuuunca, sabe ;.)

do

 

Deja un comentario