Cuando me preguntan a qué me dedico no digo que soy cantante. Sí me considero cantora, pero tampoco es que hay una institución a la cual preguntarle qué tienes que ser o no ser para ponerte tal o cuál título. Entonces, según mi opinión, no me considero cantante porque no estudié oficialmente la carrera de música a pesar de haber llevado miles de talleres y haber estudiado diferentes instrumentos desde incluso antes de entrar al colegio. Cantante no soy, pero sí canto y hago otras cosas también. No he compuesto canciones aún entonces por el momento canto temas de otras personas y me acompañan músicos o, en el caso del teatro, pistas grabadas previamente. Lo disfruto mucho. Siempre disfruté cantar, pero no siempre fue fácil hacerlo. Hasta hace muy poco, el disfrute venía acompañado de miedo y otros fantasmas que vienen a fastidiar y tratan de boicotear la situación.
Ya he mencionado ésto antes en otro post anterior, pero lo repito por aquí, mucho tiempo después porque sigue siendo verdadero. Yo pensaba que el clown era para mí el tope de la vulnerabilidad escénica, pero al cantar apareció un nuevo abismo, un nuevo vértigo. De pronto no solamente estaba expuesta, calata por completo, sino haciendo hincapié y usando delante de todos aquello que me costaba mostrar: mi voz. Cuando cantas, literalmente vibras por dentro. Y no sé ustedes pero yo lo siento muy fuerte. Es una sensación curiosa e inevitablemente propia, única. Exposición total, vulnerabilidad total. Cantando sola, más aún.
¿Por qué lo hago entonces? La explicación más cercana que he podido encontrar en palabras es ésta: es la forma más literal de sentir que estoy viva.
Porque vibro por dentro porque me escucho, porque me siento, porque disfruto, porque siento que tengo el control y a la vez siento que no lo tengo. Porque mi cuerpo y mis emociones se van turnando en quién la lleva. Porque me siento linda. Porque puedo decirle a otros cómo me siento sin usar las palabras. Porque resueno, porque resonamos. Porque la música es un idioma universal.
Tengo la inmensa suerte de poder cantar todos los días de la semana, ya sea por mi trabajo en Punto de Encuentro o en Punto Escénico (la temporada de «Las Chicas de 4to C» – ¡que ya se acaba muy pronto!). Además, este 22 de agosto daré un Microrecital en Microteatro. La entrada es libre y sería un honor que me acompañen. Pueden ver los detalles en el Facebook de Microteatro, y pronto compartiré más información en mis redes. ¡¡Estoy muy feliz!!
Todos, todxs, podemos cantar. De verdad. Y nadie te dice que seas profesional ni super estrella comercial desde ahorita. Te invito a que lo hagas, por lo menos para comenzar, para ti. ¿Qué te recomiendo? Cantar en tu casa, en tu ducha, en tu auto, con tus amigos. ¿Talleres, clases? Claro, obviamente. Hay espacios maravillosos para principiantes donde te enseñarán con muchísimo amor, y donde habrá personas igual de nerviosas que tú. Te recomiendo empezar con Merian, mi primer maestrx de canto a quien admiro con todo mi corazón. Puedes ver toda la información de sus talleres en Imaginario Colectivo haciendo click aquí. Hay otros talleres increíbles (gestión cultural, teatro, impro, etc.) en Imaginario. Recomiendo absolutamente todos. Y si buscas clases particulares, recomiendo a mi actual coach de canto, la genia de Pamela Llosa. Cantar siempre debe ser y será un placer. Disfrútalo :.)


Deja un comentario