
Luciana Arispe, ¿para qué tienes un Blog? Siempre que le cuento a alguien sobre este espacio, la respuesta es una sonrisa amable acompañada de un «ah, que paja, pásame el link, te voy a leer», lo cual casi siempre termina en nada porque suelen leerme las mismas personas (gracias amigas que siempre me comparten, bien buenas). Otras personas me dicen «pero métele publicidad, y vas a conseguir seguidores y marcas y todo eso». Esto último suena súper atractivo pero además de no saber por dónde empezar (cualquiera diría que soy la peor Licenciada en Comunicaciones y no aprendí nada) no es lo que más me atrae de tener un blog.
Cada vez que escribo, lo primero que pienso es «rayos, creo que ya escribí sobre ésto antes». Y tengo que revisar mis entradas antiguas y ver títulos anteriores, casi siempre. Lo que sucede es que muchas veces me pongo a leer cosas que escribí en el pasado y digo «wow, qué tonta» o «wow, gran observación» o «wow, no cambié en lo absoluto en un año» o cosas similares. Mi sueño de tener un blog personal para llevar un registro traducido y manifiesto de mis pensamientos se hizo realidad, y eso me gusta porque me ayuda a aterrizar mis ideas, a ponerles un peso y a darle perspectiva a mi vida. Curiosamente, más de una vez en alguna terapia me aconsejaron escribir mis pensamientos y sentimientos.
Segundo premio por hacer un blog: no me interesa si no son millones, me basta con una. Cuando una o más personas comparten mis publicaciones o se me acercan o me dicen que les inspira lo que escribo, o que se sienten identificadas, empiezo a sudar escarcha. Porque cuando escribes de cosas que no son tan bonitas de sentir, cuando dices cosas que a veces son duras de escuchar, y alguien allá afuera te dice «yo también», es como si al menos vía web el mundo te respondiera que no estás sola y que no todo es tan grave. Es como el clown y el contacto con el público, cuando generamos empatía y de pronto sentimos que somos muchos y ser raros no está tan mal después de todo.
Ahora, vamos un paso más lejos. Quizás soy la versión bloggera de «mucho bla bla bla y poco glu glu glu» (¿han escuchado ese dicho? no importa). Me gusta muchísimo escribir, casi tanto como lo que me cuesta llevar lo que escribo a la acción. ¿No les pasa que son los mejores aconsejando a los demás y luego sufren de lo mismo? ¿Por qué somos así? Hoy mismo le aconsejé a una amiga adorada que escriba todo lo que siente en sus momentos de peores bajones. Yo también lo hago. Ya, pero ¿qué hacemos con todo eso? ¿Por qué es tan TAN TAN TAN TAN TAN TAN TAN TAN TAN difícil crecer, cambiar, hacer dieta, atravesar un cambio, ahorrar, y todas esas cosas que finalmente vamos a tener que hacer por el resto de nuestras vidas? ¿Por qué me lo sigo cuestionando en vez de aceptar nomás e incorporarlo a la vida y ya? Papel aguanta todo, supongo. Y supongo también que se siente bien cuando uno tiene que enfrentarse al mundo sola y lees que todos estamos turnándonos el momento de procrastinar y el de accionar. Si ahora eres tú quien lee y está en modo bajón, empieza por aquí: muévete. Agarra un papel cualquiera y anota 3 cosas muy buenas sobre ser tú. Y ahí va un pequeño nuevo comienzo de algo.

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