¿Qué tantas manías tiene que tener uno para ser maniático? ¿Qué tan intensa tiene que ser una manía para ser un TOC? ¿O qué cosa es verdaderamente una manía y no algo que te gusta o prefieres? Ni siquiera voy a entrar a buscarlo a google, porque dentro de mis manías no está verificar ese tipo de cosas. A lo mejor soy muy floja para ese tipo de manías. Pero todos tenemos una que otra cosilla que nos obsesiona o que nos mueve o que nos hace actuar fuera de lo común porque tenemos algo en la mira. ¿Por qué?
Tengo entendido que hay diferentes grados de manías y de trastornos obsesivos, incluso yo misma he sufrido los famosos ataques de pánico producto de estrés y detonados por trastornos obsesivo compulsivos. Es horrible. Lo importante es identificar cada una, y no permitir que tome el control de la situación o de ti. Es crucial trabajar para no perder el control de uno mismo, para no perder el centro, para no sobre girarse, para no sobre pasarse por emociones irracionales. Las manías y TOCs aparecen sin que los busquemos, escapan de nuestro control, y no podemos dejar que tomen tanto protagonismo en nuestra vida.
Pero dejando de lado el porqué, lo curioso es que hasta cierto punto todos tenemos manías, todos. No te hagas. Tienes. ¿Quieres saber algunas de las mías? Agárrate. Para empezar, la peor de todas: mi obsesión con los posavasos. Tengo posavasos por todas partes porque me desespera ver vasos – sobre todo en superficies como la madera por ejemplo, que pueden malograrse con vasos que contengan líquidos fríos. Cada vez que voy a alguna reunión, que viene alguien a mi casa, o incluso cuando estoy en un restaurante, siempre me fijo en los posavasos. He llegado incluso a sentirme físicamente mal cuando hace falta un posavasos… para que vean los extremos a los que puede llegar una manía.
Soy «maniática» con mi cerquillo: no me gusta que no esté derecho o que no esté peinado. He tenido que entrenar mi mente para poder tolerar que algún día no esté peinado perfectamente como me gusta. Ha sido duro, aunque parezca una frivolidad. Tampoco me gusta dejar un «conchito» o sorbito de líquido en los vasos. Me pone nerviosa, sin explicación alguna. Me gusta que al finalizar la comida / cena / visita, los vasos estén vacíos o en el peor de los casos un poco más llenos, pero no que quede un poquito. Por otro lado, me gusta que los interruptores de luz estén hacia el mismo sitio. Es decir, que si hay más de uno, cuando se apaguen o prendan estén presionados hacia el mismo lado, que coincidan. No me gusta escuchar nada en volumen 13. Al despegar y aterrizar en el avión le agarro la mano a mi mamá o a quien tenga al costado – si no lo conozco, me agarro la mano a mí nomás. Cuando paso el peaje de una carretera le cuento un chiste a quien me atiende porque según yo se aburren de estar ahí siempre. Cuando como cualquier cosa, nunca mezclo la comida. Por ejemplo, si tengo un plato con arroz, ensalada y pollo, primero como el pollo, luego la ensalada, luego el arroz, pero nunca en simultáneo. Tampoco dejo que se mezclen (¡incluso que se toquen!).
Hay manías que perjudican tu salud, y esas es muy bueno trabajarlas constantemente. Hay otras que resultan incluso creativas y divertidas. Lo importante es identificarlas y saber si te suman o te restan en la vida, y no dejar que rijan tu conducta y lo que haces finalmente.
¿Tú tienes manías? ;.)


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