Punto De Vuelta

Muy buenas tardes, ¡he vuelto! A pedido del público (mis neuronas que se juzgan entre ellas y dicen «oe para qué diantres tienes un blog si no lo usas»), he resucitado este Blog que no producía contenido nuevo desde hace 4 semanas. Pues bien, acá va.

El 2019 empezó con Marie Kondo revolucionando hogares, la falta de agua terrible en San Juan de Lurigancho (que sigue), la novelita política peruana orquestada por los naranjas, mil memes que se quejan del calor luego de haberse quejado del frío, y por supuesto: mi mudanza.

No hablaré de la mudanza como proceso en sí esta vez porque me gustaría hacer un bonito post (auxilio, estoy haciendo una promesa) con recomendaciones y demás. Es más: si te estás mudando o remodelando tu casa escríbeme, tengo algunos datos que te podrían servir. Es un hermoso chambón, y ahí vamos, aún no lo termino porque por suerte puedo tomarme mi tiempo para hacer las cosas de la mejor manera posible, pero ya falta poquito – ahora si en verdad.

Hay una cosa, sí, que no deja de llamarme la atención y que salen a la luz en épocas navideñas y cuando uno hace cambios en su vida, como mudarse en mi caso. De pronto, todo tu entorno parece graduarse en opinología. Hago mea culpa, yo lo he hecho más de una vez, así que ésta es una invitación para que hagas revisión en tu disco duro y evalúes si quieres ser opinólogo ad honorem también.

«¿Por qué no te casas?» «¿Por qué no te mudaste todavía?» ¿»Sigues viviendo con tu mamá?» «¿Por qué no vas a ser mamá?» – seguro te llueven de éstos – … y los nuevos: ¿por qué no contrataste a éste proveedor? ¿por qué fuiste a Promart en busca de pisos y no de frente a pisopak? ¿por qué elegiste ESE piso? ¿por qué rollers y no cortinas? ¿por qué no protegiste tu parquet desde un inicio? ¿por qué te quejas del precio si tienes tremenda ganga de departamento? ¿por qué no me invitaste a conocerlo todavía? ¿por qué quieres cambiar de lavadora / secadora? ¿por qué quieres gastar tanta plata en una lavadora en vez de comprarte una nueva al toque?

Oh Margot.

Lo normal es que sonrías con cordialidad, apuntes los datos que te interesan, y al resto digas «si, buena idea, lo pensaré, gracias», pero he hecho mis encuestas y parece que toooodo el mundo tiene una opinión de todo. Como alguna vez dijo mi sabio amigo Fer, «las opiniones son como los potos: todos tenemos uno». Y todo bien con eso, con tu opinión y con tu poto, pero es muy distinto cuando alguien casi que impone o se ofende si no sigues su consejo. Por suerte no me pasa tan seguido, pero uffff lo he visto.

De pronto hay una epidemia de embarazos a mi alrededor, lo que me hace muy feliz porque amo los bebés AJENOS, pero esta epidemia hermosa viene acompañada de MIL papás y mamás casi que diciéndote cómo debes criar a tus hijos no nacidos y de paso corregir a los que ya nacieron. Pobres amigas embarazadas. Si algún día yo lo estoy, voy a seguir ninguno y todos los consejos a la vez y arruinarle la vida a mi descendencia.

Insisto, toca sonreír y esperar lentamente a que la conversación cambie y se ponga todo de igual a igual, donde todos somos sabios y no hay nadie que sepa más que tú. A mí me cuesta, se me botan las caras, perdón. Es mucho más difícil cuando es una persona mayor y de la familia, que te dice alguna pachotada como «tú para cuándo encargas» , «uy cómo te engordaste» o «vas a terminar soltera» y aunque lo diga con cariño igual te hace sentir mal. No puedes mandar a esa persona a volar pues. Tu mamá te tirará un codazo y te recordará que es una buena persona, que no se crió como tú, que es mayor, que no es para tanto. A tragarse la cara de poto y a hacer tantos nudos en tu garganta hasta que se convierta en macramé.

Hace poco leí una de estas sabidurías de Pinterest y demás donde te recuerdan que antes de opinar sobre cómo luce una persona recuerdes que también tiene espejo. Es distinto dar un consejo con amor a decir «oye, te lo digo con amor» y lanzar una bestialidad. Hay que ensayar casi para que te salga orgánico, es una ciencia. Tienes que ser la persona indicada, buscar la forma adecuada para decirlo y sobre todo evaluar si es un comentario que suma, no que resta. Hagamos el ejercicio, antes de arruinarle el día a alguien que queremos. HagaMOS dije. Si te hago doler me avisas.

Foto: Pop Art

Deja un comentario