Ya me dio cólera. Por primera vez en nuestro hermoso vínculo, WordPress decidió borrar todo lo que había escrito. Quería escribirlo, como todo en este blog, para no olvidarme que WordPress también tiene defectos.
Quiero pedirte por favor que la próxima vez que me veas, me ayudes a no acaparar la conversación. Siempre que me doy cuenta ya es muy tarde, y de pronto no he parado de hablar durante mucho rato, y ni siquiera le pregunté a la otra persona cómo está o algo más. Bueno – la verdad es que la mayoría de veces sí pregunto, pero alguien me responde amablemente y me da pie a algo sobre mí y no paro. Me pasa también que hay personas con menos «entusiasmo parlante» y que prefieren más bien la posición espectadora, y cuando se encuentran conmigo casi que les falta traer canchita y esperan un monólogo. Mucha gente me pregunta «¿haces Stand Up?» – no, nunca he hecho, gracias por la recomendación.
Así como hay gente cuya «zona cómoda» es el silencio o la soledad, la mía, al momento de socializar, es la verborrea. No necesariamente lo disfruto, simplemente me resulta fácil. Es como automático. Incluso cuando me quedo sin nada que decir (¿qué!?) siento incomodidad y ganas de llenar ese silencio. Como si hiciera falta hacerlo, con lo bonitos que son los silencios compartidos. A veces cuando me encuentro con familia / amigos, muchos me dicen – cuando me quedo callada un momento – «pero cuéntate algo pues Luciana»… y me da una ansiedad terrible, como si me estuviesen obligando a hablar y hablar y hablar. Entonces hablo para evitar ese pedido. Sé que lo hacen con amor, pero es como un disparador inmediato de ansiedad para mí.
Pienso que se trata de mi trabajo: soy profesora de teatro en un colegio, visito muchas personas y las engrío y contengo a través del clown, dicto talleres esporádicamente, y así… supongo que eso «gasta» mi cuota de interacción y cuando me toca socializar ya estoy agotada, pero igual, mi verborrea puede más y ahí voy. Por suerte, me he obligado a tener un día en la semana donde no salgo de mi casa ni hablo con nadie y sólo descanso. Grandes privilegios de los 32.
Me gusta mucho escuchar, me gusta mucho comer, me gusta mucho hablar. Estoy re aprendiendo a hacer muchas cosas a esta edad: por ejemplo estoy aprendiendo a no comer rápido – ¡¡me cuesta un montón!! ¿a alguien más le pasa? Quiero aprender a hablar un montón, sí, pero conmigo misma. Y a escuchar más, y a no liderar o guiar todas las conversaciones. Ya, me está dando ansiedad terminar este post. Pienso «ay no, será muy corto o muy largo»…. voy a parar aquí nomás. Ya. ¡Chau!


Deja un comentario