¿Qué?

En este instante mi mente está juzgándome porque mi último post de este blog fue en octubre del 2019. Antes de la pandemia. Una artista independiente que vive sola, cuya mente va rápido y también tiene verborrea, no escribió/publicó NADA en su blog. Blog de su propio sitio web de su organización fundada e integrada únicamente por ella misma. Hija única. Con privilegios.

¿Viste lo que hice? En algún taller de escritura terapéutica bien bacán que llevé hace tiempo hice esa práctica de escribir lo que sea lo que salga y sin juzgar… alguna vez hice algo así también en un taller de clown o impro creo. No entendía por qué me costaba si cuando son palabras habladas sí se me salen. El punto es que me estoy juzgando, y odio juzgarme porque es AGOTADOR.

No pretendo que mi retorno triunfal a la vida bloguera sea para reflexionar sobre el síndrome del impostor o algo así. Tampoco me seguiré juzgando. Prometo ser amable conmigo. Ayer terminé de ver «Sex and the city» (que NUNCA había visto de corrido y prestando verdaderamente atención, entonces fui desde el principio). Obviamente estoy un poco desbordadita y pensando mucho en mis amigas mujeres y en el día de la madre y en ser adulta, y en ser mujer adulta, y ZAZ me creí Carrie, abrí mi laptop y acá estoy. Bien raro, ¿no? Todas ellas viviendo en Manhattan con depas mostros y saliendo en tacos carísimos de fiesta todo el rato, cocinando jamás y full restaurantes maquillaje y puchos. ¡Y tenían 30 / 35!

Bueno, sin más rodeos, este post va para ti que no estás escribiendo eso que piensas, ni tampoco lo estás conversando, ni tampoco lo estás botando o rumiando. Haz. No hagas todo, pero haz algo. De preferencia, haz algo que te haga querer seguir haciéndolo. Hay miles de opciones. Mira, aquí hay algunas: escribir un blog, escribir un documento de word o en un cuaderno y no publicarlo, hacer un deporte, caminar, meditar, conocer cafés nuevos, aprender a cocinar algo, hacer voluntariados, estudiar, leer, rescatar animales, participar en concursos de matemáticas, lo que quieras. Y cuando sientas que ya se apaga la chispa o se desaparece la escarchita, busca y haz otra cosa. Pero haz. A veces ese «hacer» es también no hacer nada. Yo estoy ahí ahorita, por ejemplo. Intentando conectar con el silencio, con la pausa, con la nada.

Ahí voy.

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