Toda crisis es el comienzo de algo maravilloso. En diciembre tuve este aterrizaje: tengo 30 años y ya no voy a recibir un sueldo mensual (al menos no el mismo, al menos no inmediatamente). Tengo 30 años y tengo que post-poner mis planes de mudanza y vida totalmente independiente un rato más. Vivo con mi mamá desde siempre y si bien nuestro departamento es grande y tengo todas las comodidades posibles, no es un departamento que ha sido constantemente remodelado, no hay “limpiezas anuales” ni jornada de botar cosas sin uso. Somos del club de “comprar de más porsiacaso”, de “cómo lo vas a botar si te lo hizo xxx con tanto cariño”, de “algún día lo podré necesitar” y de “todas las fotos me gustan, imprime y cuelga todas mejor, hagamos un collage y llenemos la pared”.
Voy a desenredarme un poco para de paso llegar al grano en esta publicación: yo siempre he sido fanática del orden. Me lleno de tapers, bolsas de ziploc, organizadores, hago bajas de ropa, dono, cambio de sitio mis cosas, etc. PERO también soy una persona que es fanática de las efemérides, de los recuerdos, de los detalles. Esta combinación letal me ha hecho vivir en un cuarto que ordeno constantemente sin acabar… mi cuarto es como la Sagrada Familia.
En diciembre, ante tanto cambio, decidí que mi cuarto tenía que ser el primer lugar físico para intervenir antes que cualquier otro. Digo físico porque evidentemente el trabajo más importante estaba en mi interior, trabajar conmigo, terapia, pilates, todo eso. Ya. Entonces decidí que para mí es muy importante vivir rodeada de motivaciones, en un espacio que me haga sentir segura y feliz. Antes, mi espacio propio y feliz era mi oficina, o irme de viaje, u ordenar mi cuarto y adaptarlo un poco sólo para sentir esa adrenalina de novedad. Comprarme algo nuevo, por ejemplo. 30 años de experiencia me confirman que quizá no estaba usando la mejor metodología. Recordé entonces cuando me comentaron sobre Marie Kondo: una mujer oriental (por supuesto) dedicada al orden, con libros y todo, famosa en todo el mundo por su método “Konmari” (su apodo… no se burlen, “Puntolú” también es derivado de mi nombre y quien soy).
Me zambullí (como hace rato no lo hacía) y dediqué todo mi primer mes “sabático” del 2017 a leer su libro: “La Magia del Orden”. La premisa de este libro y esta metodología es sencilla: si quieres ser feliz, rodéate de todo aquello que te hace feliz. ¿Qué implica esto?
- No botes por botar, no se trata de botar porque sí. Se trata de conservar aquello que te hace inmensamente feliz. No se trata de vivir de manera minimalista necesariamente. La idea es que cuando llegues a tu casa (o a tu cuarto) y abras la puerta, todo lo que veas esté ahí porque tú elegiste que así sea, porque te hace feliz.
- Hay que seguir un orden, categorías. No se puede avanzar a la siguiente categoría hasta terminar la actual. Esto es súper importante. Me ha pasado (seguro a ti también eh) empezar a ordenar y una cosa lleva a la otra y tu cuarto termina hecho un desastre y peor a como empezaste.
- En teoría, las primeras categorías son las más fáciles, las últimas las más difíciles. La primera categoría es ropa/zapatos/accesorios y la última son recuerdos, fotos, etc. Se nota que Marie Kondo no sabe lo trapera que soy… fue súper difícil para mi despedirme de mi ropa, pero debo reconocer que fue mucho más sencillo luego de poner todas mis pertenencias de esta categoría en un solo lugar y ver la magnitud de todo lo que poseía. Wow. No había manera que yo NECESITARA TODO ESO para ser feliz.
- Nadie puede ayudarte / opinar ni tú puedes ordenar el espacio de alguien más. Sólo tú sabes verdaderamente qué te hace feliz y qué quieres conservar. A veces tener a alguien al costado es queriendo o no una influencia muy fuerte. Tu mamá por ejemplo, diciéndote “pero ese polo te lo regalé yo”… – es sólo un ejemplo, me imagino a mi mamá leyendo esto diciendo “yo no te dije eso”…. En fin, creo que ya me entienden.
Está demás decir que lo recomiendo, pero quería contarles, en resumen mi experiencia. Ya que me dediqué a profundizar tanto sobre los previos (perdón, eran necesarios, a lo mejor te haz identificado tu también), acá va un resumen de mis principales conclusiones y hallazgos:
1. LAS REGLAS DE JUEGO: Es muy importante leer todo el libro antes de empezar. Ella misma reconoce cómo cuando lees las primeras páginas es muy tentador empezar de una vez, y botar de todo. Yo empecé a hacerlo y luego me contuve. Me costó. Pero fue lo mejor. Si vas a aplicar un método ajeno, tienes que confiar en la experta, en este caso la autora del libro. Por algo lo escribió, por algo vive de eso, por algo hay en YouTube tantos videos de sus clientes satisfechos,… lo peor que puede pasar es que no te funcione y pruebes otro. Pero al menos probaste éste al pie de la letra.
2. EL PROCESO: Es tedioso. Parece infinito. De hecho, debo confesar, yo aún no acabo. Estoy atrapada en una categoría de misceláneos que parece nunca acabar, pero eso me pasa por tener tantos “misceláneos” sin ordenar por tantos años. Recuerden…. La Sagrada Familia….
Es muy importante no rendirse. Acá el límite de tiempo lo pones tú. Por ejemplo yo elegí tener los “jueves de Konmari”, y me organicé de tal manera que los jueves lo único que hacía era ordenar. Aún así la vida pasó y aún no acabo, pero sé exactamente qué tengo pendiente y planeo terminarlo. Hay peripecias en el camino: en mi caso fueron principalmente de salud. Mi dolor de espalda y demás hacían que ordenar sea muy doloroso y terminaba empeorando, entonces eso hizo que mi ritmo fuese mucho más lento que lo que yo esperaba.
3. BENEFICIOS: tener tu espacio ordenado, deshacerte de un montón de cosas sin culpa, aprender algo nuevo (¡es un método muy interesante! Independientemente de si lo practiques regularmente o no), e incluso puedes ganar dinero. ¿QUÉ!? Pues como les comentaba antes, yo solía donar casi todo de lo que me deshacía. En esta oportunidad, fue TANTO lo que tenía que doné varias cosas y aún así mantuve algunas y organicé una venta de garaje que hizo que pueda pagar gastos de mi carro en mi primer mes sin sueldo, ¡¡ye!! Fue una venta cerrada, en mi casa, sólo invité a mis amigas y conocidas, venían, se probaban, conversábamos, tomábamos algo, y compraban a precios muy razonables cosas que estaban en buen estado. Win/win.

4. DESPUÉS: Siempre pensé que iba a recaer, que todo se desordenaría. Sin embargo, cuando terminas una categoría “bien terminada”, es muy difícil volver a tu conducta anterior. Mi ropa se almacena y la entiendo mejor como está ahora. Uso más cosas, soy más consciente de cómo doblarlas, cómo guardarlas y dónde ponerlas y encontrarlas. Mi chip cambió.
Sigo ordenando, ahorita por ejemplo estoy ordenando mis discos duros, borrando archivos, clasificando, limpiando laptop, todo eso. Ordenar consume mucho tiempo y energía. Es muy fácil distraerse cuando miras al costado te das cuenta que la vida sigue y tienes que ir al médico, a trabajar, al cumpleaños de tu mejor amiga, a comer, al lonche familiar, y así… Creo que la mejor conclusión que puedo tener aquí es que nunca será el momento ideal para ordenarse. Es algo que tiene que tener su propio espacio de manera regular y habitual en medio de tu vida agitada. Siempre he sido fan de hacer, y muchas veces olvido lo importante que es parar. Hoy estoy ordenando todo lo que me rodea, por dentro y por fuera. Y es muy interesante porque al limpiar he creado mucho espacio para cosas nuevas y maravillosas… como ésta ;.)

Replica a inspiretimeinlondon Cancelar la respuesta