
Este año, no sé por qué o no sé por cuántas variables distintas, sentí que apareció mi segunda adolescencia. Llegó de pronto, o llegó como una menopausia, o a lo mejor como una crisis de esas que todo el mundo conoce usa de excusa. De pronto volvieron mis ganas de acostarme tarde y vivirlo todo. De pronto me gustó el vino. De pronto quise disfrutar de conversaciones eternas con amigos – más de dos veces por semana. Reconozco que tuve una época muy abuelita o muy tranqui para el estándar de la sociedad, y no siento que haya migrado al polo opuesto. Sólo siento que tengo unas ganas tremendas de vivir.
Desde hace ya algunos años había colgado los tacos y decidí que ya no sería la reina de la fiesta. Pero lo que hice fue un giro radical hacia el otro lado. Esto coincidió con el inicio de mi relación de pareja, con una pareja que además coincidió con este nuevo estilo de vida que yo buscaba. Perfecto. Ahora, se acercaba el aniversario número 4 y aparecían mis ganas de vivir cada segundo intensamente. No, no eran ganas de soltería ni tampoco ganas de juerga descontrolada. Ganas de ir a un concierto o al teatro sola, ganas de estar sola en mi casa, ganas de enamorarme de mí, invertir en mí. Cosa curiosa porque en teoría independientemente de estar o no en una relación, uno siempre debe invertir en su propia felicidad, tenerse como prioridad, etc. De pronto no entendí o de pronto mi zona cómoda ha sido siempre girar alrededor de alguien más. El punto (¡tarán!) es que este año al igual que la mitad de mis contactos en redes sociales decidí que sería mi año, y además de una relación de pareja o laboral o familiar, mi bienestar sería lo primero.
No sé si las decisiones que estoy tomando en esta etapa son las mejores, pero lo cierto es que me siento parte de una serie de Netflix viviendo cada día siguiendo mis impulsos. He engordado, pero estoy más ágil. Duermo menos pero descanso mejor. Sé que no viviré así para siempre pero le estoy sacando el jugo a esta etapa mientras dure. Estoy más misia pero de pronto aparecieron novedades de trabajo soñadas, que me llenan de felicidad.
Heme aquí, sola y súbitamente cambiando mis planes esta noche para irme al teatro sola, por el simple placer de hacerlo, aunque no sabía que lo haría hace 10 minutos. Voy a apagar mi celular un ratito.


Deja un comentario