Hay que hacer.
Hace no sé cuánto decidí que tenía que repetirme esa frase más seguido. A veces la digo mucho pero la pongo en práctica menos. Pero cuando la pongo en práctica pasan muchas cosas buenas. Pasan cosas, obviamente porque la frase así lo indica, pero lo cierto es que cuando haces cosas empiezan a pasar otras cosas y es como una cadena. Hace algunos años tuve que aprender a parar, a descubrir la belleza de la pausa y la quietud, porque mi vida era muy atolondrada. Hoy en día muchas personas me dicen que todavía lo es, pero yo siento que quizá mi energía está mal distribuida. O sea, no es que no hago nada, pero invierto mi energía en cosas que no son las mejores para mí o que no me retribuyen lo que necesito o que no me generan ingresos, o que no me hacen inmensamente feliz, o que no me hacen el ser más saludable del mundo, etc.
Entonces, ahora que volví de viaje la mitad de mi cuerpo y mi mente estaban en modo proactivo a mil porciento, con la energía de caminar y hacer full turismo y con ganas de seguir a mil por hora y aprovechar el día. La otra mitad de mi cuerpo y mente querían vacaciones de las vacaciones, querían dormir por siempre, ver todo lo que Netflix alguna vez publicó, no interactuar con ningún humano y ya. Creo que a esta dualidad le podríamos llamar «jetlag» o síndrome post vacación. De cualquier forma, en algún momento dije «basta» y hoy, una semana después de volver (no me juzgues, ya me había parado antes) me levanté al alba y crucé la ciudad (o sea, fui desde Miraflores hasta Chacarilla) para retomar mis amadas clases de acuaeróbicos. Luego retomé mis clases de canto. Ahorita estoy retomando mi blog. Ya había empezado a dictar clases el lunes y ya había retomado Punto de Encuentro desde la semana pasada inmediatamente después de volver. Pero hay cosas que cuestan más que otras – en mi caso hacer deporte, manejar lejos, y levantarse temprano.
El hecho es que hay que hacer. Al llegar de viaje tomé una de las decisiones más difíciles que había tomado en mi vida. Aún no la pongo en práctica y si la pienso mucho me voy a arrepentir, pero ya está decidido. También retomé un contacto de trabajo que venía post poniendo básicamente por sonsa y resultó ser un proyecto que tiene mucho potencial y estoy ilusionada con eso también. Cuando decidí crear «Puntolú» lo dudé varias veces y tuve que decidirlo casi que lanzándome a la piscina porque sino no lo haría jamás. Antes de empezar una relación amorosa hay un periodo de enamoramiento previo, sí, pero si nos la pasábamos pensando, mi actual pareja y yo no hubiésemos decidido nunca algo que resultó siendo una excelente decisión. Mi primer concierto fue en el peor momento del año y en un pésimo momento de mi vida. Y salió fantástico.
Hay que hacer, queridos queridas lectores del blog que ya no sé quienes ni cuántos son pero les agradezco leer. Lo peor que puede pasar es es que nos equivoquemos, y por suerte la vida está diseñada para que nos equivoquemos de todas maneras. Obviamente, como persona impulsiva que soy, les invito a evaluar sabiamente antes de tomar decisiones, sí, pero no se queden ahí pensándolo por horas. Pueden estar perdiéndose de un deporte que les encanta, o del amor de su vida, o de un proyecto mostro, o de su trabajo ideal, o de una comida que quizá les gustaba, o de un viaje soñado, de algo. Hay que hacer.
Y finalmente, tenemos que aplicar mi nueva frase favorita para las cosas que no queremos hacer pero toca hacer porque así es la vida y no todo puede ser placer todo el tiempo porque por más memes y frases de Pinterest al estilo «do what makes you happy», en la vida también toca que haya tráfico, hacer colas, comer saludable al menos la mitad de la semana, pagar impuestos, frustrarse, e ir al médico. Es parte de la vida. Y hay cosas que aunque no nos gusten, se tienen que hacer. Me cuesta mucho ésto, pero es lo que hay. Y hay que hacer.
En caso de crisis, miraré alrededor y sabré que estamos todos en lo mismo y no me sentiré solita.


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