Punto de Salud Mental

Según la Organización Mundial de la Salud, cada 10 de octubre se celebra el Día Mundial de la Salud Mental, con el objetivo de generar conciencia sobre los problemas relacionados con la salud mental e impulsar iniciativas para ayudar a mejorarla. Desde lo personal fue siempre un tema que me llamó la atención porque mientras fui creciendo mi opinión sobre la salud mental fue cambiando drásticamente. He podido crecer a lo largo de mi vida junto a personas que han sufrido casos muy tristes de una salud mental muy dañada, con casos muy críticos de enfermedades o situaciones de crisis difíciles de manejar. Y definitivamente lo más duro es cuando nos pasa a nosotros mismos. Lo más difícil fue verbalizar, más de una vez, que yo no me sentí bien y necesité ayuda.

En un país como el Perú, donde hay tantísimas necesidades, la salud mental no es una prioridad. En un país como éste, donde por un lado hay tantos prejuicios y por otro lado tantas «recetas del hogar», la salud mental es algo de lo que no se habla o de lo que se habla deduciendo, a medias, a escondidas o asumiendo. Un seguro de salud estatal no cubre ni con la mitad de los gastos con los que alguien con un trastorno de personalidad, por ejemplo, tiene que asumir, y en la mayoría de los casos algún desorden de este tipo o malestar calificado en el gremio de la salud mental no es visto como una prioridad o como una emergencia, sino como algo secundario. Pareciera como si el mundo no es verdaderamente consciente de lo importante que es cuidar de nuestra salud mental. Sus consecuencias son en muchos casos mortales.

Por otro lado, está la vergüenza. Decir en voz alta que acudes a un psicólogo o haces una terapia o estás recibiendo un tratamiento por un tema de salud mental por un corto, mediano o largo tiempo es un tema tabú o visto como – me atrevo a decir – peligroso. Cuando yo empecé a tomar anti depresivos a raíz de una crisis que tuve, no quise contarlo. Tampoco era necesario que lo hiciera, pero ni bien empecé a hablar del tema resulta que es mucha la gente que también lo hace o lo hizo. Somos muchos los que alguna vez tuvimos un problema de salud mental, así como alguna vez tuvimos un problema de salud física. No sé si sea normal, pero por lo menos es común. Y tenemos que dejar de ponerle una etiqueta terrorífica y juzgar primero que nada a nosotros mismos por sentir que está mal sentirnos mal. Somos humanos, y venimos con cientos de defectos en nuestro disco duro. Así como a veces nos duele la barriga, a veces nos duele el cerebro o el corazón. Y hay médicos, cura y trabajo para todo.

Sí, medicina para todo. Antes de medicarme con fármacos hice deporte, probé métodos IMG_3198 - Version 2alternativos, hice dieta, y todo lo demás. Y aquí va el último punto que quería tocar en esta publicación. Es muy importante saber qué consejo damos y qué consejo recibimos. Cuando hablamos sobre nuestros temas de salud, muchas veces nos atrevemos a juzgar y decir cosas como «pero no te llenes de pastillas», «pero deja de tomar eso», «pero haz yoga», «pero no comas eso». Tengamos cuidado con lo que aconsejamos. Y con los consejos que decidimos elegir tomar o no. Yo hago acuaeróbicos porque me gusta ese deporte y me hace sentir bien. Yo manejo mi estrés tomando un tipo de fármacos que mis médicos de confianza me aconsejan. Yo realizo ciertas actividades que complementan mi rutina para manejar mi estrés. Cada uno sabe qué le funciona mejor y no hay receta mágica. Para algunos serán fármacos, para otros será el yoga y la comida saludable, para otros será la mezcla de ambos, para otros será ninguno. Lo importante es ésto: la salud mental es igual de importante que la salud física. Hay que prestarle atención. Hay que cuidarnos por dentro y fuera. Hay que escuchar a nuestro cuerpo, mente y corazón. Sin miedo a lo que nos digan, sin miedo a la chamba que toque hacer.

 

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