El viernes 4 de octubre me operaron por primera vez en mi vida. Me hicieron una gasteroctomía, también conocida como cirugía bariátrica por laparoscopía o manga gástrica. Quiero compartir mi proceso con ustedes, porque creo que quizá puede ayudar a alguien a tomar una decisión, pero sobre todo quiero que entiendan de qué va desde mi perspectiva. Es una operación «relativamente nueva» pero que ha tenido muchas mejoras durante los años, así que mucha gente – como yo hace un tiempo – no sabe en verdad todo lo que implica.
Primero: ¿POR QUÉ?
La obesidad es una enfermedad que no tiene cura. Yo no sabía. Es muy fácil también justificar o pensar que no es cierto algo así si piensas en la dieta tal o cual, o si nos vamos por la ruta del «ama tu cuerpo, todxs somos hermosxs» – que es verdad – PERO eso no quita que el cuerpo no esté saludable, que nutricionalmente no esté bien, entre otras cosas. El exceso de peso puede hacerte feliz contigo mismx, con tu cuerpo y tu look, y todo bien con eso. Pero te aseguro que por dentro hay más de una cosa que no está funcionando bien. Yo decidí que no quería que sea así.
Las personas obesas no tenemos cura porque, digamos, nacimos con este metabolismo y al igual que el acné o lo que sea tenemos que lidiar con esta situación. Yo he hecho miles de dietas desde que tengo uso de razón. Muchas veces lo logré, bajando 15, 20, 10, 5 kilos. También pude recuperarlos con mucha facilidad. A mis 32 años, agotada emocionalmente de no poder ponerme límites, investigué muchísimas opciones para mí, y encontré ésta como la más adecuada. Me junté con los médicos, evalué opciones, hablé con mis terapeutas psicológicos (psicóloga y psiquiatra) y convenimos en que se trataba de una buena opción para mí. Entonces empecé a ahorrar y a prepararme emocional y físicamente.
Segundo: YA, ¿CÓMO FUE?
1. Mi primera cita oficial con mi cirujano fue el 4 de febrero del 2019. El Dr. Erick Piskulich trabaja en la Clínica Avendaño y me explicó hasta con imágenes todo lo que pasaría en mi cuerpo, cuál era el procedimiento, qué implicaba, qué tipo de cirugía era la más adecuada para mi caso, cuánto costaba, todo. La operación sería laparoscópica, duraría aproximadamente 45 minutos (si usaba grapas reforzadas), tendría que comer todo líquido un mes, mi estómago se reduciría a un tercio aproximadamente de su tamaño. La Clínica Avendaño te obliga a reunirte con un representante de cirugía, de nutrición y de psicología antes de empezar. Desde ese momento serán ellos quienes te hagan seguimiento personalizado.
2. Elegí una fecha pensando en tener vacaciones o tiempo para poder tener descanso médico adecuado, sin interferir con proyectos o cosas grandes. Tenía temporada de «Las Chicas de 4toC» hasta septiembre, donde mi personaje sería una persona con sobrepeso, y como soy profesora en un colegio tenía que además encontrar un espacio de vacaciones.
3. Me hice todos los exámenes pre operatorios exactamente un mes antes de la operación. Me hicieron una endoscopia por primera vez en mi vida – por suerte la anestesia hizo bien su trabajo y lo único que me dolió fue la vía. Todo salió bien. Excepto que entre febrero y septiembre yo había subido 10 kilos. Plop.
4. Luego de tratar de no subir más (porque si tu estómago crece más y se necesitan más grapas para la operación, cuesta más) y hacer una dieta específica que me dieron, llegó la fecha de la operación. Estaba tan emocionada que no me acordé que tenía miedo, pero supongo que era involuntario o inconsciente. Nuevamente lo que más me dolió fue la vía. No me acuerdo de ver a Erick (mi cirujano) en la sala de operación. La anestesia me noqueó antes felizmente. Me desperté medio zombie ya en la sala de recuperación.
5. Pasé una noche ahí, te pinchan los dedos a cada rato para verificar tu sangre, tienes suero, no tienes hambre, te toman la temperatura, te hacen tomar agua de a poquitos, te hacen caminar por ratos con la enfermera por la clínica, y así. Me operaron la mañana del viernes y el sábado 5 de octubre me dieron de alta a mediodía. Todo en orden. Ecografía post operación, conversación importante con el cirujano, con la nutricionista, y ya.
Tercero: ¿CÓMO ESTÁS?
Ya en casa, mi única misión ha sido descansar 10 días. Lo más difícil: me duelen los brazos por las vías, dormir sentada las primeras noches, y el sabor que tienen las pastillas porque las tengo que tomar trituradas, y saben horrible. No tengo dolor, solo muchísimo cansancio (hola, no consumo calorías). Siento que tengo 10 bolas de bowling en mi barriga y me pesa pararme / sentarme / girar cuando estoy echada. Cada día baja este peso (estoy menos hinchada), entonces me siento cada vez mejor. Tengo que caminar 30 minutos al día y aprovecho y salgo en pijama al parque y veo perritos lindos. En el primer mes todo será líquido. En la primera semana puedo desayunar un jugo mega licuado, puedo tomar caldo (agua caliente donde hubo verduras), tengo que tomar Glucerna (métele google si no sabes) que sabe buenazo, Y puedo tomar gelatina light. Tomo todo en sorbos pequeños porque mi estómago está duro aún y es muy pequeño entonces me lleno al instante. Cambios de humor, ufffff. Lo más interesante: he descubierto la diferencia entre hambre y antojo. No tengo hambre. Pero podría chupar pollo, papas fritas, helado, todo. Si lo hago me muero entonces mejor me porto bien. Los antojos no se han ido, pero el «apetito» sí. No sentía esa sensación («estoy llena») hace AÑOS…
Tengo que tener paciencia porque así es. Y sobre todo ilusión porque en unos meses ya podré comer (responsablemente) y mi vida será como la soñé. Paciencia.
Cuarto: YO, LA OPERADA
Ha sido una novedad conocerme a mí como operada. He acompañado gente en estos procesos, de hecho trabajo con personas que tienen enfermedades distintas, he visitado hospitales como clown, y por primera vez en mi vida me tocó estar del otro lado. TOOOODO un descubrimiento.
Gracias a los cambios de ánimo, de calorías, de vida, de todo, hay días donde no quiero ver a nadie… de hecho la mayoría. Pero cuando ya estoy con alguien al lado, lo disfruto muchísimo, me anima y me refresca energéticamente. Odio y reniego cuando me escriben porque quiero dormir, entonces pongo mi celular en silencio. Me da flojera contar cómo voy y me abruma que mis personas que amo me escriban a preguntarme. Pero si no lo hicieran me daría pena jajajaja… ¡¡mis hormonas están insufribles!! Lo siento.
Me cuesta mucho decir «no mejor no, gracias» por culpa (classic) o pedir ayuda. Ya estoy aprendiendo.
Hace años que no paraba, literalmente a no hacer nada en el día más que recuperarme. Yo ya había imaginado que ordenaría toda mi casa y leería un montón pero entre los horarios de pastillas y el cansancio hemos reducido las expectativas.
Quinto: RECOMENDACIONES PARA TI QUE NO TE OPERASTE DE ÉSTO
1. Tengo 32 años y me considero inteligente. Contarte sobre mi operación claro que te da derecho a opinar, pero cuida tus palabras. Ya tomé mi decisión, y estoy feliz y no me arrepiento.
2. Si le escribes a alguien y te responde «perdón, es que me acabo de operar y estoy con descanso médico», no le insistas a menos que sea de vida o muerte. Dato extra basado en experiencia propia: tampoco – sobre todo si no hay tanta confianza y si NO SABES de qué se ha operado – le mandes audios cariñosos diciendo «ya gordita (…) si claro gordita lo que pasa es que (…)». Tampoco le digas que vas a venir de visita con un postrecito si ya sabes de qué fue la operación.
3. Ejercicios de empatía básica, para cualquier operación creo. Mis amigos y familia maravilla son expertos en preguntarme «qué necesitas», los amo. He tenido acompañantes para todas mis caminatas de 30 minutos al parque a ver perritos. Seres de oro que me hacen acordar que debo tomar agua, que vienen a conversarme de cosas… porque a veces aunque no lo crean tengo flojera de hablar yo, y me cuentan sus viajes, su vida y para mí es más hermoso y entretenido que ver Netflix. Expertos en usar Rappi para conseguirme lo que sea. Flores preciosas. Silencios compartidos. Siestas acompañada. Gracias. Los amo.


Replica a Fresy Cancelar la respuesta